¿Mereció la pena?

¿Mereció la pena?

Toda mi vida se reduce a esto. Todos los pasos que he dado, todos mis sueños y mi esperanzas están contenidas en ese sobre. Aun no me creo que ya haya llegado. Creía que había sido un sueño pero no, ahí estaba. En la impoluta mesa de madera del centro del salón, con mi nombre impreso en letras doradas y el sello oficial. Jamás había visto mi nombre de esa manera, con una caligrafía pulcra y meticulosa, llena de florituras y adornos, el tono dorado le daba un aire señorial y distinguido. Enseguida vino a mi mente La Cenicienta, seguramente la invitación al baile del príncipe llegó en un sobre similar a ese, con un sello oficial y letras que refulgían como el sol, ¿se imaginaba Cenicienta lo que iba a cambiar su vida con ese pequeño sobre?¿Sabía yo lo que iba a cambiar la mía? No sé si quiero saberlo. No sé si quiero saberlo. Pero, ¿acaso no es lo que siempre había soñado?

Ese sobre y lo que contiene cambiaría mi vida, de eso se trataba, para ello me había esforzado toda la vida. Por eso había sacrificado todas mis horas de libertad en recados, estudios y trabajos que me permitieran ahorrar hasta el último céntimo. Por eso apenas tenía amigos, no podía dedicarles el tiempo que se merecían, el tiempo que necesitaban. Cuando no trabajaba estaba estudiando y viceversa. Por eso no supe de que Ana estaba embarazada hasta que la vi un día paseando en el parque con una abultaba barriga y de la mano de una joven que debía ser su pareja. Parecía cansada pero feliz y a juzgar por su apariencia estaba a punto de dar a luz. La chica que la acompañaba la miraba embelesada, las dos irradiaban felicidad, una felicidad que hacía tiempo que yo no sentía.

Había fijado una meta tan clara en mi camino que todo lo que hacía tenía que llevarme en esa dirección sino, era solo una distracción que no podía tolerar. Ana se había convertido en eso y cuando la vi en el parque supe que ahora era yo la que no era necesaria en su vida. Ver a Ana me hizo acordarme de todos los demás, ¿que sería de Óscar y Susana?¿Y Marcos?

El sobre continua cerrado y brillando. Creo que empieza a echar chispas pero no me atrevo a abrirlo.

Seguramente Óscar y Susana hayan también continuado con sus vidas, ajenos al echo de que yo ya no formo parte de ella. Siempre estaban discutiendo sobre todo y sin embargo no había visto jamás a dos personas que se compenetraran tanto. Sus discusiones iban desde que película de Star Wars era la mejor hasta si España debería haber permanecido fuera de la zona euro, cualquier tema valía para sus eternos debates. Nunca entendí ese tipo de relación y sin embargo les envidiaba. Ellos vivían el momento, eran felices juntos pero también lo eran separados. Se querían, se necesitaban y a veces no se aguantaban. Me pregunto qué habrá sido de sus vidas. No me los imagino casándose, eso era algo muy corriente para ellos, tal vez ya no sigan juntos. Puede que las discusiones acabaran venciendo y al final fueran mas las diferencias que las similitudes o tal vez me equivoque y sigan por ahí, discutiendo y queriéndose. Seguramente ellos sí sabían que Ana va a ser madre, puede que ni piensen en mi, y no se lo reprocho. Yo apenas tengo tiempo para pensar en ellos.

El sobre está temblando, me llama. Las letras componen un baile bastante errático, lo miro extrañada y me doy cuenta de que lo que tiembla no es el sobre sino mis manos. En algún momento mi subconsciente ha tomado la iniciativa y ha decidido que tengo que saber que hay dentro. Lo suelto despacio con las manos aun temblorosas. Es curioso como tiemblan ahora y no lo hicieron ni un ápice cuando le rompí el corazón a Marcos.

No sé qué es lo que me llevó a acercarme a él, ahora me doy cuenta de que no fueron mis sentimientos sino los suyos y los de los demás, los que nos llevaron por un camino en el que no había que adentrarse. Fueron Susana, Óscar y Ana los que nos empujaron a una relación en la que ahora veo que no debí implicarme. Marcos me gustaba, pero no lo vi hasta que fue muy tarde, cuando ya había hecho añicos su corazón. Cuando Marcos se dio cuenta que estaba en una partida en la que sólo él movía las piezas.

¿Pensará en mí ahora?

Como una autómata me dirijo a la puerta. Los primeros aires de primavera me reciben en la calle. Hemos llegado a esa época del año en la que si te abrigas pasas mucho calor, pero no puedes salir sin algo que te resguarde del frio. Las sombras aun son gélidas aunque los rayos del sol intentan abrirse paso entre ellas. Camino y camino. Cualquiera podría pensar que no tengo rumbo, que solo estoy huyendo de una realidad que me aterra. Ponga lo que ponga la carta no habrá vuelta atrás. Tendré una recompensa o un castigo o ambas a la vez, no estoy segura.

En la esquina lo veo. El pequeño bar en el que nos reuníamos lo viernes. Bueno ellos se reunían, yo aparecía cuando tenía tiempo. La terraza está prácticamente vacía salvo por una mujer con un carrito de bebé. Ana sale del bar acunando un bulto entre sus brazos, lo deposita con sumo cuidado en el carrito, le da un beso a la mujer en los labios y se sienta a su lado ¿cuánto tiempo ha pasado desde que la vi en el parque? No me atrevo a acercarme así que continuo espiando desde la distancia. Ana parece agotada pero ansiosa, no deja de levantar la vista buscando algo, temo que me vea pero no me escondo, tal vez ya ni me reconozca. Una sonrisa ilumina su rostro, por un segundo abrazo la absurda idea de que es por mí, de que me ha visto y por eso sonríe, porque recuerda cuando yo era una de ellos, cuando intentaba divertirme un poco, antes de que lo estropease todo, pero no es por mi. Susana y Marcos acaban de asomarse a la esquina, aun van dados de la mano, suspiro aliviada no sé por qué y una milésima de segundo después se me para el corazón. Marcos va detrás de ellos, se está riendo y se le ve feliz.

Mi cabeza se llena de las imágenes de la última vez que vi a Marcos. Destrozado, roto por dentro porque se había enamorado de una chica que no tenía corazón, de una chica que se había marcado una meta tan alta, que tenía un rumbo tan fijo y claro que no veía lo que dejaba en el camino, porque amaba a una mujer que había tardado más de una semana en darse cuenta de que su novio había cortado con ella y porque su corazón sangraba porque ella no lo amaba a él.

Detrás de Marcos corría una chica menuda intentando darle alcance, y cuando estuvo apunto de pillarle él se dio la vuelta y chocaron, sin brusquedad, ambos lo esperaban. Me di cuenta de que tal vez se tratara de una broma entre ellos, algo que hacían a menudo ya que nadie pareció inmutarse. Ana y Óscar se abrazaban como si llevaran mucho tiempo sin verse y Susana se había inclinado sobre el carrito y hacia carantoñas. Marcos les alcanzó al fin, y separó a Ana y a Óscar para abrazar a la joven, todo entre risas y bromas. Siguen igual, yo ya no estoy con ellos y no me echan de menos, no les hago falta, nunca lo hice.

La chica que seguía a Marcos se ha quedado algo rezagada, un escalofrío me recorre por dentro cuando me doy cuenta de que me está mirando, Ana se ha dado cuenta también y de repente, como movidos por un resorte todos se giran y clavan la mirada en mí. Ana sonríe y me invita a acercarme a ellos, pero es la mirada de Marcos la que me atrapa. Quisiera decirle que los siento. Que lamento haber roto lo que teníamos, siento haber sido tan tonta cómo para no darme cuenta de que tenía su corazón entre mis manos y lo dejé caer y todo por qué, ¿por ese dichoso sobre? No hay rencor en los ojos de Marcos, ni dolor, ni nada. Me mira pero ya no me ve, o por lo menos no como antes, y eso me duele. Su mirada indiferente me atraviesa como un daga gélida, parpadeo para contener las lágrimas.

Me doy la vuelta y me alejo de ellos. Ya no me queda nada por hacer salvo abrir ese estúpido sobre y saber si mereció la pena. Si un corazón roto es el precio que tengo que pagar por tener aquello que siempre creí desear.

Eso no es racismo

Eso no es racismo

“Vivir en cualquier parte del mundo hoy y estar contra la igualdad por motivo de raza o de color es como vivir en Alaska y estar contra la nieve.”

William Faulkner, poeta)

“Aquí no hay racismo” “Yo no soy racista peeerooo…”

He oído esas afirmaciones un millón de veces, cada vez que intentas explicar el racismo a las personas que no lo sufren, te salen con lo mismo, o bien te afirman que no es real, para ellos no es real, obvio, no lo han vivido, o bien te dicen que exageras.

Lamentándolo mucho, he de decir que el racismo es real. Es una lacra en la sociedad, es algo contra lo que hay que luchar, pero no porque tu nunca hayas vivido comportamientos racistas has de afirmar que no existe, ya que sería lo mismo que decir que no existe la contaminación, el calentamiento global o la violencia de género (ojo, que hay quien afirma también que estas cosas son invenciones también).

Hace dos semanas en Bragança (Portugal) un joven fue apaleado por unos individuos a la salida de una discoteca, murió diez días después en un hospital de la ciudad de Porto. Las noticias sobre este acto deleznable son escasas, nadie ha sido detenido, no hay sospechosos, pero si hay un chico de 21 años que murió solo en un hospital. Bragança es una ciudad de unos 25.000 habitantes, con muchos estudiantes universitarios y muchos inmigrantes, es extraño que en una ciudad tan pequeña, nadie sepa nada.

El joven asesinado se llama Luis Giovani, natural de la isla de Fogo (Cabo Verde) llevaba apenas dos meses en Portugal a dónde fue para estudiar, era músico y tenía un grupo. Quince individuos le esperaron a la salida de una discoteca, le pegaron con palos, con cintos y con todo lo que tenían a mano y sin embargo, ¿se ha visto esta noticia en algún sitio?

Solo se me ocurre un motivo para que esta noticia no salga en los medios y es que Luis Giovani era extranjero, era negro y todos aquellos que participaron en la paliza que recibió eran portugueses y blancos. No hay otra razón lógica para que esto no haya salido en los medios.

Nos intentan convencer de que progresamos, de que la sociedad avanza pero lo cierto es que yo veo que los que se vamos hacia atrás. Cada vez hay más partidos de ultraderechas en parlamentos europeos, cada vez hay más discursos de odio y xenofobia y ya no solo en las redes sociales, la gente ya no se escuda en sus perfiles de anónimos sino que rezuma odio por sus poros y eso al final se traduce en una cosa, miedo.

Cada vez que veo en la televisión o en las redes un ataque racista en el metro o en un supermercado me hierve la sangre de impotencia, pero en el fondo pienso, ¿seré yo la próxima? ¿Llegará un día en el que alguien me ataque en el metro o en el tren solo porque soy negra? Y siento miedo.

Y eso es lo malo del racismo. El odio lo sienten otros pero eres tú el que vive con miedo, porque te reducen a una cosa solo, porque ya no importa quién eres sino qué eres, podrás ser barrendero, abogado, maquinista, cantante, una persona que le gusta leer o el cine de acción, da igual si naciste en España o en París que lo que te define es tu color de piel, tu tipo de pelo o la forma de tu nariz.

Y sin embargo, se empeñan en decir que no hay racismo. Pero piensa, ¿alguna vez has intentado no decir la palabra negro porque te sonaba ofensivo?¿Alguna vez has pensado que los negros/latinos/chinos son “buenas personas”? Pues eso, eso es racimo, pero está tan metido, tan socialmente aceptado que crees que es inofensivo, que eso no es racimo.

Pero antes de hacer un comentario o una pregunta, piensa, ¿se lo dirías a una persona blanca?